Hace ya tiempo que me planteé la idea de crear un blog para poder contar al detalle mis experiencias en ese lugar al que tanto amo, la isla de Cabrera Gran en el PN del Archipiélago de Cabrera. Ya voy por el 5º año en el que durante dos meses, uno en primavera y otro en otoño, esta isla se convierte en mi lugar de residencia y trabajo. Las experiencias por las que he pasado allí han calado muy hondo en mi persona, esta isla no es cualquier cosa...
Antes de convertirme en uno de los que regularmente residen en este lugar, ya lo había visitado en bastantes ocasiones. Censos de marinas, anillamiento de pardelas y halcones de Eleonor, voluntariados en las campañas de monitoreo de migrantes, algunas inmersiones en sus cristalinas aguas etc me hicieron poco a poco quedarme enganchado del lugar, cualquier excusa me parecía buena para volver. La primavera del 2007 se me presentó la oportunidad de ser contratado como técnico medioambiental para trabajar en la campaña de estudio de la migración que se realizaría ese año. Durante estas campañas, además de las labores propias del anillamiento científico, realizamos observaciones constantes sobre el desarrollo del espectacular fenómeno migratorio que se produce durante cada época de paso y sobre la evolución de las especies residentes de la isla. Puede parecer todo muy bonito así como lo he escrito, pero lo cierto es que las campañas a menudo son muy duras y la sensación de aislamiento es frecuente y casi inevitable, especialmente cuando hace un tiempo de perros. Muchas de las personas que han pasado por aquí han caído en frecuentes episodios de melancolía, en los que han deseado poder largarse cuanto antes. Otros, como el que aquí escribe, conseguimos superar esas sensaciones negativas y sacar el máximo provecho de nuestras estancias en la isla. Trabajamos a destajo pero ya dicen que sarna con gusto no pica... el caso es que desde aquel año he repetido siempre que he podido y siento la isla casi como mi segunda casa.
Antes de llegar aquí ya conocía perfectamente lo que supone una campaña de estas características. Las fantásticas islas de Sa Dragonera o Formentera habían sido ya mi hogar durante bastantes meses, realizando labores similares en ellas. Mi querido Juan Miguel González, Mánix para los amigos, que ha trabajado en muchas campañas en diferentes islas ya me había comentado frecuentemente que "en cuestión de 'bichos' no hay nada como Cabrera".
Para un "enfermo" como yo de las aves no hacían falta más credenciales,
a la primera oportunidad que tuve me apunté para una campaña allí.
Era a mediados de marzo del 2007 cuando desembarqué junto a mi compañero Jaume Bonnín para currarnos el primer mes de campaña. Éstas duran dos meses pero el máximo que solemos realizar es de un mes y luego llega el relevo con un nuevo equipo. Quedarse más de un mes puede resultar muy pesado y como bien sabe todo anillador que se precie, cuando caes en la monotonía, el simple aburrimiento o el hartazgo puedes cometer errores en este delicado trabajo.